Una sinfonía inacabada, un reflejo del propio sufrimiento, del interior de las personas, de su lucha por la supervivencia como instinto más ancestral e innato. Son ingredientes básicos de esta maravillosa novela que Némirovsky no pudo finalizar al ser asesinada en el campo de concentración de Auschwitz con su estrella amarilla colgada en la solapa. La joven autora, muerta a los 39 años por la sinrazón y el odio, tuvo tiempo de describir sin embargo la Francia ocupada, el éxodo de los parisinos en los prolegómenos de una invasión alemana, anunciada y conocida, pero no asumida casi hasta el final por los miles de “peregrinos” que se pusieron en marcha, en muchas ocasiones sin saber hacia dónde, y que llenaron los caminos de dolor, de impotencia.
Dice Irène Némirovsky que “una novela tiene [+]
He terminado de releer un libro que en su momento, hace ya varios años, me impresionó por lo preclaro del discurso, por la manera que tiene la autora de ponerse en la piel del personaje y por la autenticidad que desprenden unas páginas que se tardaron mucho en escribir. Se trata de Las Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar.
La vida del emperador es narrada aquí en primera persona y a mi modo de ver el hombre, Adriano, contempla la existencia ya desde el final de sus días, desprendido de todo lo que imbuye al ser humano de ropajes inútiles: el engreimiento, el orgullo, la vanidad, la suficiencia…, incluso la pasión se ha difuminado para dejar sola al alma, e inerme a un cuerpo ya [+]






